"Si Dios puede trabajar a través de mí, el puede trabajar a través de cualquiera." San Francisco de Asis

 


Yo estaba ahí, esa primera vez que tus lágrimas mojaron tus mejillas. Cuando persiguiendo un sueño y caíste, lacerando tus rodillas. Cuando azotaron tu alma con la crueldad de las palabras y con el hierro del desprecio marcaron tu primera herida.

Tuve la dicha de verte crecer, de admirar la fuerza que mostraste ante el dolor y que enfrentando al mundo nada te pudo vencer, ni aun la falta de cariño, ni aun la falta de amor o el que nadie entendiese el lenguaje de tu corazón.

Quiero que sepas que siempre estuve ahí levantando tus brazos, buscando hacerte feliz. Guardando siempre tus pasos, alumbrando tu camino, enviándote a mil pajaritos para que te hiciesen reír.

Este día, estoy muy orgulloso de ti. Mírate, como has crecido, el mundo no te doblegó. El sufrimiento te ha fortalecido. Y si aún la lucha es dura y, con furia, enardecidos se levantasen contra ti los implacables enemigos, ya no eres el niño que llora: eres un vencedor valiente, tu fe es pura y valiosa, ya no tendrás temor, tu corazón he sanado.

Porque pase lo que pase, sea cual sea la lucha, aún estoy aquí y en mi mano te llevo. Fuiste, eres y serás por toda la eternidad, mi hijo/a amado/a.

 

(Desconosco el Autor)

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